lunes, 28 de diciembre de 2009

Importancia del pescado en la dieta del bebé

El pescado es un alimento rico en proteínas, vitaminas B, A y D y sales minerales como el calcio, fósforo y magnesio. Fundamental en la dieta del niño durante sus primeros años de vida, pues entre otros beneficios, aporta los ácidos grasos y el yodo necesarios para el desarrollo del sistema nervioso central.
A partir de los 9 meses ya se puede y se debe incorporar el pescado en la dieta del bebé. Lo recomendable es que coma pescado dos o tres veces por semana, sin embargo, si hay antecedentes familiares de alergia lo más recomendable es incluirlo en su dieta después de cumplido el año.

La mejor manera de darle el pescado al bebé es en pedacitos y pequeñas cantidades, para posteriormente ir aumentando de a pocos la porción. Se puede comenzar con una ración de 50 gramos de filete cocido al vapor, hervido o asado hasta que cumpla los doce meses. A partir del año, se puede incrementar la ración a 100 gramos tres veces por semana.

No hay que perder de vista que las cantidades que se mencionan son aproximaciones, pues el aporte de pescado en la dieta del bebé debe ajustarse a su edad, peso y necesidades energéticas.

Los pediatras recomiendan que hasta el segundo año de vida del bebé solo coma pescado blanco como la merluza o el lenguado, pues además de ser menos grasos y de fácil digestión, su sabor es más suave. Después de los dos años de edad ya se puede incorporar a su dieta el pescado azul como la caballa o el atún, ricos en ácidos grasos omega-3, que ayudan a controlar la presión arterial y mejoran las funciones cardíacas.

Debido a su textura suave es fácil de masticar, sin embargo, el bebé puede rechazarlo por su sabor, en cuyo caso, hay que ofrecérselo de vez en cuando hasta que se acostumbre a su sabor y acabe aceptándolo como un alimento más de su dieta. No hay que perder de vista que los hábitos alimentarios saludables hay que adquirirlos desde pequeños.

Algunas recomendaciones:

• Sé muy cuidadosa con las espinas, pues si tu pequeño alguna vez se encuentra con una lo más probable es que rechace el pescado y no quiera volver a recibirlo.
• Sírvele es pescado en un plato a parte, es decir, si le vas a dar su puré de verduras hazlo primero y luego el pescado, de tal manera que pueda explorar y descubrir los sabores por separado, además te corres el riesgo que “la mezcla” no sea de su agrado.
• Si preparas el pescado al vapor, añade al agua una hoja de laurel o un poco de perejil, le darán un aroma agradable y un sabor más rico.
• Otra opción es agregarlo bien desmenuzado en la sopa, cocido previamente pero no en el mismo caldo pues si lo haces así, la sopa sabrá demasiado a pescado y lo más probable es que no le guste el sabor tan fuerte.
• Si observas alguna reacción alérgica luego de darle el pescado, por más pequeña que sea, debes llevarlo inmediatamente a su pediatra.

Estimulación temprana a través de la música

La música es una excelente herramienta de estimulación temprana. Es altamente motivadora y un transmisor muy importante de afecto y emociones que mejora el desarrollo mental, sensorial, social y afectivo de tu bebé, además de su oído musical.

Las experiencias musicales en una etapa tan inicial, buscan primordialmente el desarrollo de sus habilidades sensoriales y perceptivas más rápidamente, además de las motrices. Asimismo, contribuye a superar las inevitables limitaciones de la expresión verbal, pues la música nos recuerda que las palabras no lo son todo.

Estudios científicos han demostrado que la música de Mozart tiene influencia en el comportamiento de los bebés, proporcionándoles mayor desarrollo intelectual y creativo, además de proporcionarles un ambiente de paz y tranquilidad.

Sus obras musicales han sido cuidadosamente elegidas, para que los tempos, tonalidades y textura de la música, varíen con cada selección, brindando una experiencia enriquecedora y educativa a niños de todas las edades.

Aprovecha la hora del baño, de las comidas o de cambiarle los pañales para estimular a tu bebé a través de la música. Puedes cantarle mientras llevas el compás con sus manitas o piececitos o también ponerle música clásica.
Mientras le cantas, hazle cosquillas, juega con él, así podrá practicar los movimientos, aprender a coordinarlos y a reconocerse como un ser con partes. También puedes utilizar sonidos para estimularlo. Acostúmbralo a los ruidos ambientales normales de la casa, no te esfuerces por mantener un silencio absoluto.

Háblale constantemente. Escucharte hablar no sólo crea un vínculo especial entre los dos, también lo prepara para aprender a hablar más adelante. Tu actitud hacia él también lo estimula: tus mimos y caricias, tus besos, tus palabras cariñosas. Un comportamiento amoroso alimentará su autoestima y le ayudará a entender sus emociones.
No olvides que mucho antes de aprender a comunicarse con palabras tu bebé se comunica con gestos, por lo que siempre es conveniente a cada momento demostrarle lo mucho que lo amas.

Los masajes


De manera instintiva, toda mamá sabe que acariciar, mimar, mecer, abrazar a su bebé, es una manera natural de comunicarse con él. Durante los primeros meses de vida, el bebé corrige su posición fetal estirando sus músculos y aprendiendo a controlar sus movimientos.


Brindarle un masaje al pequeño estimula su coordinación muscular y su flexibilidad, asimismo, estimula su circulación sanguínea, regula el ritmo cardíaco y la respiración, y activa su metabolismo. El masaje también ayuda al bebé a relajarse reduciendo la producción de hormonas de estrés, permitiéndole conciliar más pronto el sueño y dormir durante más tiempo y más profundamente.

• Escoge un periodo de tiempo en el cual tú y tu bebé se encuentren relajados y tranquilos, de preferencia media hora después de que el pequeño haya comido.
• Asegúrate que la temperatura del cuarto esté tibia y agradable para que no sienta frío. Desviste completamente al bebé. Si el ambiente está frío o húmedo, usa una colchita para cubrir aquellas partes de su cuerpo que no estén siendo masajeadas.
• Coloca al bebé en una superficie suave para que se sienta seguro y ambos puedan trabajar con comodidad. Ten algunas almohaditas a mano.
• Unta crema de bebé en tus manos y luego frótalas para que estén suaves y tibias al momento del masaje.

Básicamente el masaje fluye desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Con delicadeza y suavidad trabaja con suaves toques en la cabeza, cara, mejillas, hombros, brazos, pecho, estómago y piernas. Finaliza el contacto en la parte anterior del bebé con largos y ligeros toques desde la cabeza hasta los dedos de los pies.

Mientras lo acaricias obsérvalo dulcemente y háblale. Mira a tu bebé al mismo tiempo que tus manos entran en contacto con su piel, de esta manera estimulas todos sus sentidos y se establece una comunicación más intensa, visual y táctil.

Los toques deben ser cuidadosos y amorosos, no un masaje mecánico, lo más conveniente es ser flexible y no mantener una rutina rígida en los ejercicios. Si el bebé quiere voltearse o cambiar de posición en el transcurso del masaje, déjalo, no lo obligues a mantener una posición determinada. Puedes volver a retomar estas áreas después.

Técnica
Presión a usar: cierra tus ojos y presiona tus párpados. La presión que se debe usar con el bebé no debe ser mayor a la que usas en tus párpados sin causar molestias. Luego procede a continuar los ejercicios en el bebé. En las áreas pequeñas sólo usa las yemas de los dedos. En las áreas grandes usa la parte grande de las manos (dedos y/o la palma). Cabe precisar que dar “golpecitos" es tocar suavemente la superficie de la piel, y dar "masaje" es mover suavemente los músculos debajo de la piel.

La leche de fórmula

No hay duda que la mejor alimentación que puede recibir el recién nacido es la leche materna. Además de tener todos los nutrientes que el bebé necesita para crecer sano y fuerte, le trasmite elementos inmunizantes y refuerza el vínculo afectivo con la mamá.

Amamantar al bebé es más cómodo para la madre, pues no debe levantarse de noche a preparar la fórmula, ni esterilizar biberones, y por supuesto, mucho más económico. Sin embargo, no siempre es posible hacerlo por diversas razones: condiciones de salud, deficiencias en la producción de leche, motivos laborales, etc.

Una buena alternativa son las leches de fórmula, que si bien es cierto no pueden duplicar con exactitud la composición química de la leche materna (por sus células, hormonas y anticuerpos para combatir enfermedades), contienen hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales en forma similar a la leche materna y están preparadas para suplir las necesidades nutricionales del bebé.

Se recomienda el uso de fórmulas fortificadas con hierro y alimentar al bebé con este tipo de leches hasta su primer año de vida, La leche de vaca sola no es apropiada, debido a que sus riñones no están aptos aún para tolerarla y le puede causar en el futuro la no tolerancia a las proteínas de la leche.

Tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

• Lavarse muy bien las manos antes de preparar el biberón.
• Esterilizar el biberón, chupón y utensilios para cada toma. Hervirlos durante cinco minutos.
• La fórmula siempre se prepara con agua hervida fresca, es decir, no hervirla varias veces ni dejarla reposar en un recipiente por varias horas.
• Seguir las instrucciones del tarro. Utilizar la cantidad correcta de polvo: demasiada, crea una deficiencia de líquido en el bebé y disminuida, afecta su nutrición y ganancia de peso.
• No llevarse el chupón a la boca para medir la temperatura. Verter un poco de leche sobre su antebrazo.
• Evitar guardar la cuchara medidora en el tarro de leche. Hervirla y guardarla por separado.
• Si no termina el biberón, no guarde la leche sobrante para una próxima toma. Cada preparación debe ser fresca.

Finalmente, el pediatra del bebé es quien deberá aconsejar o recomendar qué tipo de fórmula debe tomar, así como la frecuencia y la cantidad de la misma.